Respétate incluso cuando meditas

Cuando empecé a meditar en mis primeras sesiones me topé, como no, con una gran cantidad de tensiones.
Mi experiencia con la meditación empezó con sentarme, piernas cruzadas y atendiendo a la respiración, dejando que los pensamientos pasaran. Esto, que parece algo bastante sencillo, se convirtió en una ardua tarea para mí. Me dejaba muy mal cuerpo ¿qué contradicción no?
Mi mente se rebotaba, me saboteaba, aquello era una tortura. Esperaba el momento en que sonara el gong o el temporizador para levantarme, y a otra cosa mariposa!…eso sí, con la consciencia tranquila porqué había ” hecho los deberes” y que por mí, no fuera.
Luego topé con el yoga. Qué suerte la mía! Me podía mover un poquito, sentir mi cuerpo, respirar con consciencia y luego, nuevamente, a meditar. Allí algo cambió, empecé a topar con el gustito de pararme y sentir. Aquello me dejaba más buen sabor de boca. Mi mente ya no estaba en lucha, meditar me parecía ahora, más orgánico, con sentido. Ahora, mi consciencia y mi cuerpo estaban más tranquilos.
En estos últimos años he descubierto la meditación activa. Soy una persona dinámica e intensa; cuando estoy en movimiento me siento viva. Pero moverse sin más, sin consciencia, sin estar enraizado, puede suponer un gran desgaste y mover grandes dosis de energía en vano.

¿En qué me ayudaron las meditaciones activas?

– A traer consciencia a mi cuerpo y a darme cuenta de su inmensidad
– A traer consciencia a mi respiración y a ver su poder
– A estar presente con lo que me sucedía (placer, dolor, incomodidad, euforia, etc.)
– A comportarme como una testigo, observar, sin identificarme con aquello que sentía

Verdaderamente he comprobado que las meditaciones activas son tecnología punta! Están diseñadas para que muevas tu energía, pudiendo escoger entre un sinfín de opciones:

*bailando o moviendo el cuerpo
*girando
*saltando
*sacudiendo y vibrando el cuerpo
*balbuceando, sollozando palabras o sonidos sinsentido
*riendo y/o llorando
*respirando en distintos lugares o centros del cuerpo
*…

Lo rico está en que puedes escoger en cada momento y según tu apetencia, porqué hay una gran variedad de propuestas. Sin embargo todas ellas tienen un denominador común: un etapa final de quietud y silencio (ser recomienda un mínimo de 15 minutos; te parecerán poco). Momento de hacer nada.
Y fue en esta última fase., dónde me topé con la dicha. En el gesto de recoger y contenerlo todo, descubrí el éxtasis. Allí todas mis células entendieron, lo qué es meditación. Es ese espacio donde no hay lucha, hay gozo y placer. Sólo necesitas respetarte, saber cuál es tú receta. Ponerte en contacto contigo, sentirte y escoger qué meditación te apetece hacer o incluso crear e inventar!

¿En qué casos puede ayudarte meditar?

– cuando tu mente está muy acelerada o hay mucho ruido en tu cabeza (juicios, preocupaciones, etc.)
– cuando te sientes poco vital, con pocas pilas
– cuando tu energía sexual está bloqueada o sientes poco placer
– cuando acumulas mucha tensión física (dolor, contracturas musculares, rigidez)
– cuando alguna emoción no puede ser sentida, expresada y/o liberada

Soy una persona algo intrépida, así en mis primeras sesiones de meditación activa, empecé con mucha contundencia, autoexigencia y presión. Me fui dando cuenta que había pasado de un extremo (sentada y respirando suave con las piernas cruzadas) a estar poseída por unos maremotos de energía y catarsis que me desbordaban. No me tenía ni en pie! Con el tiempo me di cuenta que : “menos es más”. Si aflojaba la intensidad y relajaba la respiración y el cuerpo, sintiéndome enraizada podía sostener grandes dosis de energía (emociones, placer, dolor, etc.) sin perder la presencia. A esto tengo que añadir que empecé meditando en grupo. La tribu te anima, te da fuerza y confianza para ir transitando por diferentes paisajes interiores.
Y al fin, llegué. Topé con mi esencia, despareció mi personaje. Ahora, mi consciencia está en mi cuerpo y más allá de él.

El silencio y la paz es para tod@s. Sólo tienes que respetarte incluso cuando meditas.
Si te apetece este viaje, yo te puedo acompañar.

Ananda
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